jueves, 18 de enero de 2007

Adriana Laura Felicia


De regreso del Festival Iberoamericano de Narracion Oral de Chile
EL ULTIMO CUENTO
Y si, se terminó el encuentro. Llegamos al aeropuerto con el corazón en una mano y la valija en la otra. Un último café compartido, las últimas charlas guardadas, besos abrazos, lágrimas y la Empleada de Aerolíneas Argentinas que me devuelve a la realidad -Puede poner las valijas de una vez por todas???!!!! Ella no entiende de despedidas. Parece como si toda su vida la hubiera pasado ahí. Muy bien vestida, estrictamente prolija, cabello recogido, ni un solo cabello fuera de su lugar, ninguna arruga en su vestido, absolutamente rubia, rostro firme, ojos automatizados, como si ninguna emoción pudiera desarticularla, como si nada pudiera conmoverla, como si nunca se hubiera despedido de nadie. -Si……ya… y vuelta el tonito enérgico: -que lleva en esa valija? Mmmmmmmmm, la valija…Esa que me habia regalado la Tía Olimpia, con mas años que Matuzalen (la valija!...bueno la Tía Olimpia también) y a punto de desintegrarse en cualquier momento. La valija!!! Envuelta con plásticos y plásticos y tiras de scoch y mas tiras de scoch como una cebolla. La que tanto trabajo me había dado envolver tirada en el piso de una habitación de 2 por 2 entre medio de las piernas de mis 9 compañeros de cuentos que me repetían entre carcajadas: -Y si Te dicen que la abras que haces??? Te la van a hacer abrir. -Y seguían riendo con sus risas de cuentos. Y mientras rememoraba eso, le contestaba a la empleada: -Cuentosssssss - Libros??? -No! Cuentossss -Ah…papeles con cuentos…??? -No! Solamente CUENTOSSSS!!!!!!!! (como era posible que no entendiera algo tan simple y tan claro????) . Vi que su cara comenzaba a tomar un color rojizo. Seguro estaba pensando que yo me burlaba de ella. Y volvía a la carga. -Ábrala!!! - Yo no se lo aconsejaría… - le dije imaginando lo que sucedería apenas la abriera. Pero ante su insistencia y la de algún que otro refuerzo que mando a llamar (como por las dudas…) no me quedo otra opción que desenvolver la valija. Sacar capa por capa a la cebolla (que vienen fuertes últimamente y hacen saltar las lágrimas). Mi advertencia no había sido en vano y mucho menos errada. Apenas la abrí, saltaron de la valija todos los cuentos que había guardado durante 15 días y comenzaron a desparramarse por todo el aeropuerto. El primero en salir fue el hombre de hierro (ahora entiendo porque pesaba tanto la valija) no quería oxidarse ahí adentro y me levanto en su brazo de hierro como si yo fuera la mujer de seda, después el viejo Celsio me pidió el besito mañanero y Leopoldo Martínez Buen día le contaba a la Srta. de aerolíneas argentinas que el diablo estaba enamorado de la virgen. No se imaginan la cara de esa mujer a la que nunca se le había movido ni un músculo. Sus ojos se agrandaban, la boca se le habría, los cabellos se le desparramaban en una catarata incomprensible y sintió que un intenso olor a mango la invadía mientras Don Jose Puelle, que a veces puelle y otras no puelle, se le colaba por debajo de la falda sin arrugas. Estaba Viva por primera vez en su vida !!! La rubia del Rodrigo saltaba feliz de que la hubieran devuelto al mar y sumergió a la otra rubia (a la empleada) en ese mar de cuentos. La elefanta Margarita rodaba por las mangas de embarque, Josefina del Pilar Martínez fumaba y tomaba con el angelito Isaías, con Dios y el Diablo. Gerineldo paseaba del brazo de la Montaraza gozando un par de horas a su albedrío. La moneda y el billete se deslizaban en la billetera de algún gringo para hacer el amor, el rey Zacarías 4º corría con Yazna por las cintas transportadoras junto a las valijas, la vieja preguntaba a los pasajeros de quien era ese globo azul que la seguía. La Achupaia reía feliz de ser tan chascona y se exhibía con descaro y sin sombrero mientras Amalia mostraba orgullosa su pequeña plantita que iba desplegando sus hojas en su cuerpo. La muñeca de porcelana andaba con cuidado de no romperse y el amor y la locura se colaban por los rincones. Ellos corrían contándose por todos los rincones, tomando café, leyendo libros, diarios, impregnándose con los perfumes. Entonces esa mujer inconmovible, se dio cuenta de por que las despedidas dolian y entendió que un cuento no es solo un libro, un papel, que un cuento es un viaje, un viaje con despedidas claro, y que un cuento son risas, son lagrimas, son encuentros y desencuentros, amores y desamores, enriedos y aventuras, que un cuento lo es todo!!!!! Y alla se fue ella dejando su comodo puesto de empleada corriendo detrás de un sueño, corriendo detrás de un cuento. Y después, de haberse dado por satisfechos, cada cuento me dio el abrazo más calido y fuerte, el beso más dulce y saludándome con su mano de cuento cada uno subió a un avión al grito de – Nos vamos a otro país!!!- y se fueron. Unos a Perú, otros a España, otros se volvieron a chile con distintos rumbos: unos a Santiago, a Valparaíso, a Coquimbo, a Ovalle, a la Serena, y algunos me confesaron que tal vez viajarían a Colombia (previo paso por Argentina) y a Venezuela. Pero todos, todos me juraron que igualmente estarían muy cerca cada día, en cada momento que los evocara y los volviera a contar y que seguramente en ese preciso instante vería caer una piedrita azul, o pedacitos de cielo, porque cada vez que un cuentero cuenta una historia, me dijo el Juan, te regala el cielo a pedacitos.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.--.-.-.-..-.--.-.-.-.-

Una noche termine mi trabajo, era un fin de semana y había decidido volver a mi pueblo a pasar unos días ahí con mi familia. Salí del bar y me dirigí a la terminal de ómnibus.
Era una noche extraña, el lugar parecía desierto. Estaba sola. Extrañamente sola, sin ninguna compañía, conocida o desconocida, parada en medio de la noche en plena terminal de colectivos, esperando el autobús que me llevaría de regreso a mi casa.
De pronto sentí que todo se llenaba de un embriagante aroma que me envolvía sin poder resistirme y que dos brazos fuertes, como de hierro me levantaban en el aire.
A pesar de esa placentera sensación no pude evitar asustarme, alguien me estaba raptando. Un hombre al cual aun no había logrado ver, como si todavía no me estuviera permitido.
Pero la suavidad de sus manos casi como de seda me traían una cierta calma, una calma que hacia que me dejara llevar .
No podía delinear ese rostro que se confundía con la noche pero no importaba.
Como si yo fuera un objeto precioso me deposito en el último asiento doble, donde solo estábamos el y yo. Comenzó a acariciarme y me estrecho contra su pecho fuerte.
Sin saber porque le pregunte si estaba bien.
Y me contesto con una familiaridad tan dulce como si me conociera y hubiera estado esperando ese momento desde hacía años:
-si, pero me gustaría estar mejor si me lo permitieras.
Su respuesta me hizo sentir su respeto, su delicadeza, su verdadera esencia.
La luz de la luna se filtro por la ventana y pude ver su rostro recortado en la luz. Tenía una sonrisa abierta, blanca como la luna, en medio de su tez oscura y sus ojos negros, una sonrisa calida, una sonrisa con ojos de niño……
Las palabras que siguieron solo fueron música, una música que me envolvía en una armonía deliciosa.
Y después, después nos fundimos en un solo cuerpo y nos amamos intensamente.
Cuando llegue a mi pueblo, solo me quedaban de el su aroma, sus palabras sus canciones, sus caricias, su exquisita delicadeza. El ya no estaba ahí, no se en que momento se separo de mi, creo haber permanecido despierta durante todo el viaje.
Intente averiguar si alguien lo había visto, di su descripción exacta, entonces el chofer me dijo:
-No lo busque más senorita;. En este colectivo siempre suele viajar algún amor pasajero.

No hay comentarios: